ESTRENOS
'The Wackness' nostalgia trasnochada
RENE JORDAN
Crítico de cine/El Nuevo Herald
En el verano de 1994, Luke Shapiro está en su último año antes de ingresar al college en Nueva York, pero aún no sabe quién es, dónde está y mucho menos adónde quiere dirigir sus pasos desorientados. Gana algún dinero vendiendo marihuana desde un carrito que anuncia helados. Su mejor cliente es el Dr. Squires. que intercambia sesiones freudianas por cigarrillos de intoxicante yerba. A ninguno de los dos se les aclaran las ideas en tardes perdidas en el tiempo.
En The Wackness, el guionista-director Jonathan Levine evoca un mundo de hace 15 años, sin telefonitos celulares o inquietudes más allá de las predominantes melopeas del hip hop. La máxima preocupacion de Luke es conquistar a Stephanie, la hijastra del siquiatra Squires. Ella lo acepta temporalmente para combatir el aburrimiento, pero lo planta al presentársele mejor prospecto con Justin (Aaron Yoo). Squires le había advertido a Luke de la inconstante veleidad de Stephanie, pero no insistió demasiado, porque lo agobiaba el colapso de su propio matrimonio con Kristen (Famke Janssen). El siquiatra intenta consolarse con la juvenil Union (Mary-Kate Olsen), pero todas las relaciones sexuales o románticas van de mal en peor, igual que la película.
The Wackness quiere ser muchas cosas al mismo tiempo y acaba desprendida de uno y otro de los múltiples temas. Josh Peck, actorcito disciplinado y agradable, trata en lo posible de trazar los contornos de un personaje desdibujado, pero la esencia de Luke Shapiro se le escapa. El muchacho es diferente, pero igualmente insulso de una escena a la próxima. Peor está Ben Kingsley, deambulando de lo patético a lo ridículo en un rol muy mal escrito. Olivia Tirlby --igual que en Juno-- sigue esperando la oportunidad, ofrecida pero negada, de ser algo más que una cara bonita. Famke Janssen nada tiene que hacer y está como de visita en la trama.
El filme vive de falsa nostagia y destila apócrifa melancolía. Es obvio que, para Jonathan Levine, detallar la época de una juventud pasada es suficiente, pero quien no comparta esas trasnochadas emociones se quedará ante un sicoanálisis marihuanero inútil en drama inexistente en comedia.