Punto de vista
MANUEL EDUARDO SOTO
El Nuevo Herald
100 x 100 Serrat, íntimo y complaciente
El esperado regreso del cantautor español Joan Manuel Serrat a Miami tuvo un tono relajado que por momentos daba la sensación de que las 4,000 personas que concurrieron al teatro James L. Knight se encontraban en la sala de la casa del genial artista catalán.
Guitarra en ristre, tuvo sólo el acompañamiento del pianista Ricard Miralles, con el que mantiene una larga relación. ''Somos casi como quien dice un matrimonio, claro sin sexo'', confesó ante los presentes, arrancando espontáneas carcajadas. ``Es mi cómplice''.
Vestido con un sencillo pantalón vaquero y una camisa gris estampada con dibujos, Serrat hizo gala de su sentido del humor, pronunciando a lo largo de las dos horas que se mantuvo en el escenario recorriendo su vasto repertorio varios viejos proverbios orientales, entre ellos el que dice que ''cuando el dinero habla, la verdad calla'', por ejemplo.
Su actuación de la noche del jueves con Caminante no hay camino, el poema de Antonio Machado, el que contó con el coro de gran parte del público en el famoso verso ''caminante no hay camino, se hace camino al andar'', estableciendo de entrada los estrechos lazos con sus admiradores, muchos de los cuales le pedían a gritos algunos temas que, lamentablemente, no estaban en el programa.
''Estoy conmovido del conocimiento que tienen del repertorio'', dijo, elogiando a la audiencia que al igual que en otras de sus largas intervenciones habladas entre canción y canción rió de buena gana con su artista, el que lucía físicamente como en sus mejores tiempos, con una larga cabellera cana sobre el cuello, aunque despejada sobre la amplia frente.
De todas formas, Serrat, de 65 años, sabía perfectamente qué querían escuchar las personas que casi llenaron la tradicional sala del downtown de Miami.
Desde el escenario se extendía una larga tela hasta el techo, por donde iban pasando imágenes estilizadas de niños o del Mediterráneo para ilustrar la canción del momento, y fue justamente Mediterráneo, escogida en el 2004 como la mejor canción de los últimos 50 años en una encuesta realizada por Televisión Española, la misma que lo mantuvo vetado por largo tiempo porque el gobierno de Francisco Franco no comulgaba con sus ideas liberales.
Mojando la garganta con champaña, el que compartió con su pianista, Serrat actuó por momentos sentado en un taburete de terciopelo rojo, otras veces lo hizo de pie e incluso se desplazó hacia los dos lados del escenario para que lo vieran más de cerca las personas que estaban sentadas en los extremos, siempre con una sonrisa en los labios, demostrando que estaba disfrutando cada minuto de su recital.
''Yo me lo paso muy bien'', confesó en otra de las pausas musicales de la noche. ``No sólo me divierto. Hago plata''.
Aunque los anuncios publicitarios del concierto inexplicablemente no lo mencionaban, la gira continental de Serrat lleva por nombre ''100 x 100'', lo que sí aparecía estampado en las camisetas que se vendían en el vestíbulo del teatro.
En otro momento habló de lo peligroso que es sumergirse en un personaje, como él lo tiene que hacer cada vez que interpreta alguna de sus canciones con letras profundas. Al respecto, habló del caso de ''un tipo bueno'', pero al cual ``le dieron un uniforme, una macana y una pistola y se convirtió en un hijo de p...''
Todo el mundo se fue contento de haber visto a Serrat porque temprano o tarde cantó su canción favorita, entre ellas Señora, Tu nombre me sabe a yerba, No hago otra que pensar en ti, Hoy puede ser un gran día, Aquellas pequeñas cosas, Lucía y Penélope.
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