ESTRENOS
'Quantum of Solace', un Bond de carne y hueso
RENE JORDAN
Crítico de cine/El Nuevo Herald
Susie Allnutt / AP
Olga Kurylenko en una escena de "Quantum of Solace".
Marc Forster, director de Monster's Ball y Finding Neverland, se asombró cuando lo llamaron para dirigir el nuevo James Bond y hasta pensó que era un mensaje telefónico en número equivocado. A primera vista, el estilo pausado, concienzudo, del suizo Forster no se prestaba para una aventura del 007, pero a sus frecuentes colaboradores --el camarógrafo Roberto Schaefer y el editor Matt Chesse-- les fascinó la idea y le contagiaron a Marc un entusiasmo que se ve desde los primeros 15 minutos.
Quantum of Solace arranca con tres persecuciones tan vertiginosas que no frenan ni para agarrar el resuello. Por insistencia del nuevo realizador, la trama es ambulante y se precipita en vuelo de Italia-Austria-Londres-México-Chile. El presupuesto de $200 millones da enorme salto de los 17 que costó Kite Runner, la última de Forster, pero no hay despilfarro y cada dólar se ve en la pantalla. Es Superproducción con énfasis en Súper.
Forster, sin embargo, no perdió la cabeza y su película es más sesuda de lo usual en los territorios del 007. Daniel Craig nunca levanta una ceja para decir ''Soy Bond... James Bond''; no tiene el hiriente sentido del humor de James Connery, ni el heroísmo irónico de Roger Moore, ni mucho menos la jocosa displicencia de Pierce Brosnan. Craig se toma en serio el personaje y lo interpreta con impresionante atletismo y fría determinación, evocando el espíritu original de las novelas de Ian Fleming. Este tipo es un espía de azoteas y no un dandy de salón.
También por insistencia de Forster, tiene mayor intervención M, máxima figura del Servicio Británico de Inteligencia, personificada con imperiosa majestuosidad por Judi Dench. Cuando no anda en trepidante competencia con Bourne y sus ultimátums, Quantum of Solace se detiene a explorar el duelo psicológico entre la prudente M y su impetuoso agente, que mata sospechosos antes de interrogarlos a fondo. El sutil toma-y-daca entre Dench y Craig sugiere simbiótica relación entre maternal y amorosa.
A Bond lo arrastra afán vengativo tras la muerte de su amada Vesper Lynd y el nuevo capítulo es continuación directa de Casino Royale, hasta el punto de comenzar horas después del preámbulo. El villano de turno es Dominique Greene (Mathieu Amalric), humano en su crueldad y sin la insidia casi sobrenatural de Goldfinger o Dr. No. Con fobia al truco, Marc se negó a complacer a Amalric poniéndolo cojo, bizco o calvo como una bola de billar. Por necesidad, inventaron Bolivia, pero el resto suplica realismo en mitad de lo irreal.
El guión es de Neal Purvis y Robert Wade, pero Forster puso de requisito una revisión final de Paul Haggis, coautor de Casino Royale, para pulir los diálogos y reforzar los caracteres. Los fanáticos de la serie echarán de menos la superchería, pero, guste o no, esto es lo que exigió Marc Forster para reconciliarse con James Bond. Quantum of Solace es de acción constante, pero cada gesto externo tiene motivación interna. Y el más divertido sacrilegio es escuchar cómo Craig se atreve a cambiar la legendaria receta de mezclar Martinis en la coctelera.