Publicado el
jueves 10 de
julio
del 2008
Tres décadas de crítica teatral
Anoche se inauguró el XXIII Festival Internacional de Teatro Hispano, en el Centro de Artes Arsht, y yo me quedé en casa. Cosa rara para un crítico teatral que ha ejercido esa profesión durante tres décadas, sin pausa ni descanso.El miércoles, por primera vez en 23 años no acudí a la cita del festival que vi nacer entre el asesoramiento de la experta Olga Garay, el tesón de Mario Ernesto Sánchez y un inicial consorcio de grupos culturales llamado Acting Together.Desde hace meses los lectores se habían percatado de la ausencia de mis críticas (así me lo han hecho saber) y ahora les doy una explicación. Razones imponderables debidas a un diagnóstico médico adverso me obligan a evitar salidas públicas por cierto tiempo para dedicarme al restablecimiento de mi otrora excelente salud.Este contratiempo me sorprendió cuando ya preparaba mi retirada parcial de la crítica para dedicarme a escribir mis ficciones y publicar mi obra poética inédita por tantos años. Me encontraba en un punto de giro, cuando el esperado comienzo de otra etapa se convirtió en una pausa necesaria. Es en estos momentos personales delicados que la meditación acerca de la temporalidad se alterna con la tendencia a hacer historia del propio quehacer, como un saldo de cuentas.Después de 32 años como crítico teatral de El Miami Herald y El Nuevo Herald me siento partícipe y testigo de una historia plena de incertidumbre y de altas y bajas, como la del teatro de todas las ciudades del mundo. Desde que la comunidad cubana exiliada comenzó a presentar espectáculos en esta región muchos teatristas y grupos han permanecido en la lucha a pesar de las dificultades, otros han quedado en el camino y otros han iniciado su quehacer teatral.La evolución del teatro en lengua hispana en Miami ha sido lenta y rara, colmada de frustraciones y, también, satisfacciones; y puede parecer hoy día un hecho fortuito a cubanos y no cubanos recién llegados que desconocen los antecedentes.Desde 1976, año en que inicié la crítica teatral y cultural en El Miami Herald, antecesor de El Nuevo Herald, después de haberla creado un año antes en la sección en español del desaparecido vespertino The Miami News, he informado acerca del teatro local tratando de enfocar con seriedad y rigor los trabajos buenos, regulares o deficientes, con una perspectiva amplia de criterio. Reporté también acerca de los importantes festivales de España y Latinoamérica, dando a conocer aquí un mundo teatral internacional hasta ese momento bastante ajeno.Percibo que mi trabajo ha sido también testimonio de los éxitos, fracasos y dificultades del teatro en español en una ciudad donde los horarios, las distancias, la jornada laboral y la economía a veces precaria se confabulan contra el disfrute del arte.En el análisis de cada puesta en escena he querido estimular las hermosas gestiones y he rechazado las mediocres con la premisa de que siempre hay espacio para mejorar un trabajo y siempre se encuentra algún valor, por mínimo que sea, en un montaje.Más allá de analizar defectos y virtudes de una puesta en escena y ofrecer una perspectiva de criterio amplia al espectador, me alegro si esa crítica sirvió a los lectores a entender mejor el hecho teatral y a los artistas a mejorar su obra.En el festival que ahora comienza, lectores, público y artistas pueden confiar en el conocimiento y ética profesional de Antonio Orlando Rodríguez y Bárbara Safille para asumir la crítica teatral. Safille, teatrista y académica, ejerce su profesorado en la Universidad de Yale y regresa durante los veranos; Rodríguez, dramaturgo y novelista, acaba de recibir el importante Premio Alfaguara por su novela Chiquita.
